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sábado, 8 de noviembre de 2025

El Fanatismo Político como Obstáculo Epistemológico y Desesperanza - Francisco El Jimagua

 

 
Por: Francisco El Jimagua Cartagena Méndez

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El fanatismo político no es simplemente una pasión desbordada por una ideología o figura pública; es una forma de ceguera voluntaria que impide el pensamiento crítico y la evolución colectiva. El fanático no busca comprender, sino confirmar sus creencias. Por eso, elige líderes que no lo confronten con verdades incómodas. Esta dinámica, profundamente arraigada en la psicología del poder, ha tenido consecuencias devastadoras tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos.

Durante décadas, el bipartidismo ha dominado el escenario político puertorriqueño, con el Partido Popular Democrático (PPD) y el Partido Nuevo Progresista (PNP) alternándose el poder. Esta repetición cíclica ha perpetuado estructuras ineficientes, clientelismo y una cultura de impunidad. A pesar de que existen otras opciones —como el Movimiento Victoria Ciudadana, el Partido Independentista Puertorriqueño, y alianzas emergentes que promueven transparencia, ética y liderazgos con mérito— el fanatismo partidista impide que muchos ciudadanos consideren alternativas. No se vota por propuestas, sino por banderas. No se evalúa la capacidad, sino la fidelidad. Así, el país se estanca en una mediocridad institucional que normaliza lo inaceptable.

En el contexto norteamericano, la reelección de Donald Trump ha sido un ejemplo alarmante de cómo el fanatismo puede distorsionar la realidad. A pesar de múltiples escándalos, retrocesos en derechos civiles, políticas migratorias crueles, y una gestión polarizante, millones de votantes lo respaldaron nuevamente. ¿Por qué? Porque el fanático no evalúa hechos, sino emociones. Desde su retorno al poder, Estados Unidos ha enfrentado una intensificación de la división social, un aumento en los crímenes de odio, retrocesos en derechos reproductivos, y una política exterior marcada por el aislamiento y la confrontación. La economía, aunque estable en algunos indicadores, ha mostrado signos de desigualdad creciente, mientras que la confianza en las instituciones democráticas se ha erosionado.

Desde una perspectiva psicosocial, el fanatismo político opera como un mecanismo de defensa colectivo. Ante la incertidumbre, el miedo al cambio o la frustración histórica, muchas personas se aferran a figuras o partidos que les ofrecen una identidad estable, aunque esta esté construida sobre narrativas falsas o simplistas. El fanatismo no solo distorsiona la percepción de la realidad, sino que bloquea la empatía, la deliberación y la apertura al diálogo. Se convierte en una forma de pertenencia emocional que sustituye el pensamiento crítico por lealtad irracional. En este contexto, el fanático no evalúa propuestas ni reconoce errores: defiende lo indefendible, incluso cuando las consecuencias sociales, económicas y éticas son evidentes.

Cambiar de paradigma político no es traicionar una historia, sino abrirle paso a una nueva. Cuando se rompe el ciclo de lealtades ciegas y se apuesta por ideas frescas, éticas y bien fundamentadas, se abre la posibilidad de construir un país más justo, inclusivo y funcional. Esta transformación no solo beneficia a quienes viven el presente, sino que siembra esperanza para las generaciones futuras, para que no repitan la suerte de quienes eligieron mal por miedo, por costumbre o por fanatismo. Apostar por el mérito, la transparencia y la verdad es un acto de responsabilidad intergeneracional. Es elegir con conciencia, no con reflejo condicionado.

Durante los últimos 76 años, los dos partidos que han alternado el poder en Puerto Rico han dejado una huella de endeudamiento masivo, retrocesos en derechos fundamentales y un aumento sostenido en el costo de vida que golpea con mayor fuerza a las comunidades más vulnerables. Su gestión ha perpetuado un modelo de desigualdad, dependencia y abandono institucional. Por eso, seguir apoyándolos no es solo un acto político: es una renuncia colectiva a la posibilidad de un país más justo, digno y verdaderamente libre. Comentarios: eljimagua@live.com.

viernes, 12 de septiembre de 2025

Libre Albedrío: ¿Don Divino o Libertad Condenada? - Francisco El Jimagua

 

Por: Francisco “El Jimagua” Cartagena Méndez
Escritor y Activista de Derechos Humanos Puertorriqueño

Propagar miedo en nombre de un “Dios consumidor” desde la condena fundamentalista es, sin duda alguna, una contradicción flagrante. Ese mismo Dios, etiquetado como “De Amor”, es también quien prohíbe juzgar y quien otorga a la humanidad el don del libre albedrío. Según el Evangelio, Dios no impone coerción, sino que invita a elegir con conciencia y libertad.

Por ello, quienes condenan continuamente a su prójimo —especialmente a grupos históricamente marginados— no solo exhiben lenguas discriminatorias, sino que se contradicen y se auto-condenan cada vez que lanzan un apotegma contra aquellos que ejercen su libertad para vivir sus vidas como mejor lo entiendan.

Cuando un religioso llama a una persona homosexual aberrante, sodomita, contra natura o pecador, está faltando al mandato divino de “No juzgar” y de “Amar al prójimo como a sí mismo”. Es como si ciertos sectores fundamentalistas utilizaran la Biblia como un instrumento de conveniencia, aplicando selectivamente condenas que refuerzan sus prejuicios, mientras ignoran otras que, según ese mismo texto, también serían motivo de juicio.

La Biblia condena prácticas como el divorcio, el consumo de cerdo y crustáceos, el afeitarse la cabeza, o el que una mujer predique en la congregación. Incluso prescribe castigos extremos como apedrear a los hijos desobedientes. Sin embargo, quienes condenan a las personas homosexuales suelen pasar por alto estas otras normas, que ellos mismos incumplen.

No es raro que quienes citan versículos como: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación.” — Levítico 18:22, lo hagan ignorando el bochorno que implica aplicar selectivamente la ley, mientras viven bajo un techo de cristal roto por sus propios actos.

La Biblia también advierte: “Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, se os medirá.” — Mateo 7:2. Este versículo revela la hipocresía de quienes condenan sin examinar sus propias faltas. El libre albedrío es representativo de un regalo divino, no una amenaza. Y vivir en libertad, con amor y respeto, es ejercer ese regalo con dignidad.

Aunque no soy creyente, respeto profundamente la espiritualidad como camino de introspección, sanación y encuentro humano. Sin embargo, cuando se utiliza como arma de exclusión, pierde su esencia transformadora. El libre albedrío, lejos de ser pecado, es la manifestación más pura de la autonomía de la humanidad. Defenderlo es también defender el derecho a existir con autenticidad.

Paradójicamente, son muchos de los que se autoproclaman guardianes de la fe quienes, con sus condenas al libre pensamiento, alejan a las personas de sus iglesias. No por falta de fe, sino por exceso de juicio. Porque donde debería haber acogida, hay señalamiento; donde debería haber amor, hay castigo. Y así, la espiritualidad se convierte en un muro, cuando podría ser un puente. Comentarios: eljimagua@live.com.

lunes, 8 de septiembre de 2025

Puerto Rico no puede callar ante el Genocidio en Gaza - Francisco El Jimagua

 


Por Francisco El Jimagua Cartagena Méndez
Presidente de Fundación Acción Social Inclusiva

www.x.com/jimaguapr | https://www.facebook.com/jimaguapr/ 

He escrito estas líneas con el corazón encendido por la indignación. Gaza llora. Y Puerto Rico, no puede seguir comerciando con el verdugo.

El Estado de Israel ha ejecutado una campaña militar que ha dejado más de 60,000 muertos, en su mayoría mujeres y niños. Las cifras no son solo números: son cuerpos, son sueños, son padres y madres enterrando a sus hijos, son poemas que nunca se escribieron. Y mientras el mundo debate si es genocidio o legítima defensa, yo afirmo: no hay comercio justo cuando hay sangre en las manos.

Dentro de Israel, el silencio público es tan ensordecedor como las bombas. La filósofa Eva Illouz lo ha llamado “la normalización del horror”. La narrativa oficial ha convertido el trauma en excusa, y la seguridad nacional en licencia para exterminar. Pero incluso allí, entre los escombros ideológicos, hay voces que se quiebran, que dudan, que exigen paz.

Puerto Rico, con su historia de resistencia, con su identidad fracturada pero fértil, debe asumir una postura ética. No podemos seguir comerciando con quienes bombardean hospitales, destruyen escuelas y asesinan periodistas. Nuestra solidaridad no puede ser selectiva. Gaza es también nuestra herida.

Desde la Fundación Acción Social Inclusiva, convocamos a medios, instituciones y líderes comunitarios a exigir la suspensión de relaciones comerciales con Israel. Que el gobierno se pronuncie oficialmente y condene. No como gesto simbólico, sino como acto de coherencia. Porque si no defendemos la vida, ¿qué defendemos?

Gaza no necesita nuestra lástima. Necesita nuestra voz y acción.

Comentarios al autor: eljimagua@live.com   


 

lunes, 9 de junio de 2014

Suicidio y homosexualidad - Columna



Suicidio y homosexualidad
 Homosexuales, no hay que terminar con nuestras vidas, ser homosexual no es grotesco, no es un pecado, no es algo de lo que debamos sentir vergüenza.

A mis 16 años de edad recuerdo que sujetaba un cuchillo en mis manos. Un llanto incontrolable dominaba a mis sentimientos y a mi futuro. En aquellos tiempos de adolescente pensé en suicidarme muchas veces. Luego pensé en el sufrimiento que tal acción ocasionaría en mis amigos y familiares.

Muy a tiempo me di cuenta, que no era justo terminar con mi propia vida, por el odio que percibía de otros hacia los homosexuales.

La depresión en la comunidad LGBTT, es un tema poco estudiado y el cual, debe ser tratado como un asunto de salud pública. La depresión no es culpa de la persona que la padece, tampoco es una debilidad de la personalidad.

Los trastornos depresivos en los homosexuales poseen factores predisponentes, muy proliferados en todas las esferas de la sociedad. Lamentablemente, en la iglesia por ejemplo, crecemos escuchando epítetos peyorativos como ‘aberrantes’, y ‘sodomitas’, así como condenas contra los homosexuales.

En la escuela y en el resto de la sociedad, en los programas de radio y en la televisión, escuchamos burlas, bromas y comentarios ofensivos contra los homosexuales. Unamos a esto, las agresiones, violaciones sexuales, asesinatos y las recientes manifestaciones religiosas en contra de la otorgación de derechos a la comunidad LGBTT.

Es importante reconocer que hay muchos jóvenes pensando, como yo lo hice alguna vez, que el suicidio les ayudará a salir del infierno que representa vivir una doble vida o ser víctimas de la homofobia.

El suicidio es el resultado de una conducta psicopatológica que puede ser catalogado como un fracaso adaptativo. No todos logramos adaptarnos y superar el daño emocional que causa la homofobia. Por ello es importante prevenir el suicidio en los jóvenes, y en la comunidad LGBTT.

Para muchos (as), quizás es muy fácil llamar a un homosexual aberrante, sodomita o enfermo sexual. Es muy fácil llamarle pato o loca, pero lo que no es fácil y jamás lo será, es enfrentar estos tipos de comentarios, que sufrimos a diario los homosexuales. Muchos lo sufren en silencio, lo que empeora la situación. 

Analice la importancia de considerar poner en un lugar más alto el respeto hacia su prójimo. Piense antes de insultar a algún homosexual, que quizás ese joven que repentinamente se ahorcó en su cuarto, era un homosexual aturdido por causa del rechazo.

En todas las familias hay algún miembro de la Comunidad LGBTT. Antes de volver a ofender a un homosexual, piense también, que usted puede tener un hermano, amigo (a), o hasta un padre que es homosexual viviendo una doble vida.

Piense que ese familiar al que amas, pudiera terminar con esa doble vida dando paso al suicidio. ¿Vale la pena odiar tanto a los homosexuales, o temerle tanto a lo único que deseamos, que es amar en libertad y tener todos los derechos que merecemos como seres humanos dignos?
Esta es mi historia. Espero ayude a quienes odian a los homosexuales  a comprender la importancia de respetar las diferencias. Urge la necesidad de crear campañas en las escuelas y en los medios para prevenir el suicidio en las poblaciones que son minoría y victimas del discrimen.
¡Homosexuales! no hay que terminar con nuestras vidas, ser homosexual no es grotesco, no es un pecado, no es algo de lo que debamos sentir vergüenza.
Siendo quienes somos, elevamos el amor y viviendo, solo viviendo con la frente en alto, lograremos llenar de amor a esos corazones que fueron atolondrados y confundidos por el fundamentalismo.
Ese fundamento extremo y envuelto en odio, que sí debería dejar de existir en la mente de nuestros familiares y amigos. Comentarios: eljimagua@live.com.


Por: Francisco ‘El Jimagua’ Cartagena Méndez
Escritor y activista de derechos humanos
Twitter: @eljimagua