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viernes, 31 de octubre de 2025

Soneto del deseo estelar - Poema Erótico

 

Les presento mi más reciente Soneto!!! 

Por: Francisco El Jimagua Cartagena Méndez

Soneto del deseo estelar

La luna destiló fuego del día,
cometas lujuriosos surcando los cielos,
mi cuerpo en tu galaxia halló consuelo,
y en tu pasión, la noche fue poesía.

Tu pecho fue mi estrella, mi alegría,
tu piel, jardín de aromas sin recelo.
Tu voz, volcán que canta en terciopelo,
y en cada roce, el cosmos me envolvía.

Marte encendió su rojo resplandor,
volcanes en mi espalda despertaron,
mil astros en tu abrazo dieron flor.

Y al alba, entre las flores que brotaron,
mi lengua fue semilla y fue fervor,
y tú mi sol, los cielos conquistaron.

 

viernes, 12 de septiembre de 2025

Francisco El Jimagua publica ‘El Arte de Abrazar la Soledad’: un libro que abraza el dolor y la decepción como arte de reconstrucción

 

El escritor puertorriqueño, activista y presidente de la Fundación Acción Social Inclusiva, Francisco El Jimagua Cartagena Méndez, anuncia la publicación de su más reciente libro, ‘El Arte de Abrazar la Soledad’ una obra profundamente reflexiva que invita al lector a explorar el poder transformador de la soledad.

Titulado con sensibilidad y fuerza, el libro se presenta como una herramienta de autoayuda, educación emocional y conciencia social, abordando temas como el duelo, el abandono, la resiliencia y la reconstrucción personal. A través de una narrativa íntima y poética, El Jimagua guía al lector por un proceso de autorreflexión y retrospección, donde la soledad no se teme, sino que se honra como espacio fértil para el renacer del interior.

La obra también destaca por su aporte educativo, al integrar valores como el respeto, la empatía, el trabajo digno y la solidaridad, enmarcados en vivencias personales y culturales que conectan con la realidad puertorriqueña e internacional. Desde su rol como activista de la comunidad LGBTTIQ+, el autor entrelaza su compromiso social con una propuesta literaria que busca empoderar al individuo y fomentar el pensamiento crítico.

Este libro se suma al legado de Francisco El Jimagua como voz activa en la defensa de los derechos humanos, la inclusión y el bienestar emocional. Su estilo combina profundidad filosófica con una estética literaria que toca fibras sensibles y despierta conciencia.

Además, el autor anunció, que se encuentra próximo a publicar su primera novela de ficción titulada “Aergos, El Curso de las Estelas Drantes”, una obra que promete transportar al lector a un universo completamente original, con mitología propia, criaturas mágicas inéditas y paisajes nunca antes descritos. Esta nueva propuesta literaria reafirma la versatilidad creativa de El Jimagua y su capacidad para construir mundos que inspiran, cuestionan y maravillan.

‘El Arte de Abrazar la Soledad’, se encuentra disponible en www.amazon.com/dp/B0FP9ZRGFV Para más información sobre el libro y futuras publicaciones, se invita al público a seguir las redes sociales de Francisco El Jimagua: Facebook - Francisco El Jimagua 2.0 | Instagram- jimagua_pr.


Libre Albedrío: ¿Don Divino o Libertad Condenada? - Francisco El Jimagua

 

Por: Francisco “El Jimagua” Cartagena Méndez
Escritor y Activista de Derechos Humanos Puertorriqueño

Propagar miedo en nombre de un “Dios consumidor” desde la condena fundamentalista es, sin duda alguna, una contradicción flagrante. Ese mismo Dios, etiquetado como “De Amor”, es también quien prohíbe juzgar y quien otorga a la humanidad el don del libre albedrío. Según el Evangelio, Dios no impone coerción, sino que invita a elegir con conciencia y libertad.

Por ello, quienes condenan continuamente a su prójimo —especialmente a grupos históricamente marginados— no solo exhiben lenguas discriminatorias, sino que se contradicen y se auto-condenan cada vez que lanzan un apotegma contra aquellos que ejercen su libertad para vivir sus vidas como mejor lo entiendan.

Cuando un religioso llama a una persona homosexual aberrante, sodomita, contra natura o pecador, está faltando al mandato divino de “No juzgar” y de “Amar al prójimo como a sí mismo”. Es como si ciertos sectores fundamentalistas utilizaran la Biblia como un instrumento de conveniencia, aplicando selectivamente condenas que refuerzan sus prejuicios, mientras ignoran otras que, según ese mismo texto, también serían motivo de juicio.

La Biblia condena prácticas como el divorcio, el consumo de cerdo y crustáceos, el afeitarse la cabeza, o el que una mujer predique en la congregación. Incluso prescribe castigos extremos como apedrear a los hijos desobedientes. Sin embargo, quienes condenan a las personas homosexuales suelen pasar por alto estas otras normas, que ellos mismos incumplen.

No es raro que quienes citan versículos como: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación.” — Levítico 18:22, lo hagan ignorando el bochorno que implica aplicar selectivamente la ley, mientras viven bajo un techo de cristal roto por sus propios actos.

La Biblia también advierte: “Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, se os medirá.” — Mateo 7:2. Este versículo revela la hipocresía de quienes condenan sin examinar sus propias faltas. El libre albedrío es representativo de un regalo divino, no una amenaza. Y vivir en libertad, con amor y respeto, es ejercer ese regalo con dignidad.

Aunque no soy creyente, respeto profundamente la espiritualidad como camino de introspección, sanación y encuentro humano. Sin embargo, cuando se utiliza como arma de exclusión, pierde su esencia transformadora. El libre albedrío, lejos de ser pecado, es la manifestación más pura de la autonomía de la humanidad. Defenderlo es también defender el derecho a existir con autenticidad.

Paradójicamente, son muchos de los que se autoproclaman guardianes de la fe quienes, con sus condenas al libre pensamiento, alejan a las personas de sus iglesias. No por falta de fe, sino por exceso de juicio. Porque donde debería haber acogida, hay señalamiento; donde debería haber amor, hay castigo. Y así, la espiritualidad se convierte en un muro, cuando podría ser un puente. Comentarios: eljimagua@live.com.

martes, 13 de octubre de 2020

Cuando dije No al suicidio por ser gay

 

“Hay más razones para respetar la diversidad sexual humana, que estrellas en el universo” Cita de Francisco El Jimagua, Libro Fundamentos de la Equidad .


Cuando dije No al Suicidio

Por: Francisco El Jimagua Cartagena Méndez

Cuando dije no al suicidio

Mi niñez estuvo marcada por la homofobia religiosa y social. Creo que la mayoría de las personas que pertenecemos a la comunidad LGBTT enfrentamos en nuestra adolescencia un proceso de auto-aceptación que comienza con la negación de quienes somos en realidad. Estor surge por las condenas a la homosexualidad.

No recuerdo cuántas veces lloré, pero sí recuerdo que durante mi adolescencia pensé en quitarme la vida al menos en unas diez ocasiones. Quienes hemos pasado por esta situación reconocemos el dolor que trae consigo el tan solo pensar o intentar el acto de suicidio.

No soportaba más vivir fingiendo ser quien no era. Vivía un inmenso dolor al enamorarme de otros chicos y tener que ocultarlo hasta sentir asco por mí mismo; porque la religión me había creado pensamientos e ideas sobre aberraciones y pecados en su relación más injusta con la homosexualidad.

Teniendo un cuchillo en mis manos y llorando descontroladamente, comencé a pensar en el sufrimiento que dejaría tras mi muerte. Pensé en mi madre que había fallecido y recordando el inmenso dolor de su partida, pensé luego en mi padre, en mis hermanos y en mí mejor amigo Kevin. Los imaginé echándose culpas que no les correspondían, los vi llorando en mi funeral y cambiando drásticamente sus vidas si cortaba mis venas.

En algunas ocasiones pensé ahorcarme o simplemente lanzarme a algún vacío. También imaginé alguna vez que tomarme un frasco de pastillas sería una muerte menos dolorosa. Muchas veces,  me trepaba al techo de mi casa y bajo la lluvia y le gritaba a “Dios” – por qué me hiciste gay para tener que sufrir tanto; por qué siento asco por mí mismo; por qué nos odian y nos condenan tanto, si lo que sentimos es el mismo amor que pudieran sentir ellos.

En la escuela intermedia recuerdo que había un estudiante muy amanerado al que todos los días, muchos compañeros golpeaban y se burlaban de él por simplemente ser gay. Me convertí en uno más y un día le grité “pato”– para que nadie sospechara que yo también era gay. Esa acción es de lo peor y lo más cobarde que he podido hacer en toda mi vida.

Haber enfrentado a mis 16 años de edad los insultos, amenazas y los golpes de mi hermano mayor, quien se había enterado de mi homosexualidad, fue otro calvario que me hizo pensar en el suicidio en varias ocasiones. Mi propio hermano me ofendía con palabras aprendidas en la sociedad- “pato sidoso”, “y si le digo a papi que eres maricón”, “todos los gays tienen sida”- fueron sólo algunas de las expresiones que me realizó mi hermano, con quien peleé a los puños en muchas ocasiones y a quien también ofendí verbalmente como respuesta a sus acciones. Varios años luego de salir del armario lo perdoné de corazón por sus actos, pues él al igual que yo, era víctima de la homofobia.

 “Si tengo un hijo gay lo mato”, “prefiero una puta a una lesbiana”, “pa que sea pato que sea tecato”, “mi hijo no es gay”, “que hice mal para merecerme esto”, “yo  no procreo hijos maricones”, “te vas a pudrir en el infierno”, “hay que buscarte ayuda psicológica”, “Dios te va a sanar”… son algunos de los comentarios con los que millones de niños y niñas crecemos escuchando por parte de miembros de nuestras familias. Comentarios ofensivos que se vuelven tatuajes hirientes en nuestra alma y en nuestras pieles.

“Yo dije no al suicidio y a mis 18 años de edad salí del armario con mi padre. Fue uno de los momentos de mayor tensión y temor en mi vida, pero fue una decisión que me permitió comenzar a vivir verdaderamente sintiéndome feliz”.

Dije no al suicidio y hoy me encuentro batallando para que otros jóvenes le digan no también. En mi mente no cabe la idea de perder la vida de un adolescente o de cualquier persona porque su familia lo rechazó por causa de la desgraciada homofobia religiosa. Por condenas tan ilógicas, insensibles y abusadoras.

Cuando dije no al suicidio comprendí que aunque perdí 18 años de mi vida, le gané una batalla al fundamentalismo religioso y a la homofobia con la que crecí. Gané una batalla al sufrimiento que me acompañó tantos años haciéndome creer que era impuro, aberrante o un pecado.

Hoy reconozco que nada de eso es cierto. El pecado de la homosexualidad es un invento para controlar masas y adquirir dominio y poder, mediante el cual, los verdaderos demonios vestidos de ovejas blancas se lucran económicamente.

Cuando dije no al suicidio me propuse luchar por no leer más  noticias de adolescentes saltando de un puente, ahorcándose o cortándose las venas por causa del discrimen. Decidí luchar para hacerles comprender que son seres humanos hermosos, llenos de vida, de sueños, llenos de sentimientos puros. Por hacerles saber que merecen ser felices viviendo su verdadera orientación sexual. Por afirmarles la importancia de buscar ayuda a tiempo y aceptarnos tal cual somos, lo que representa ser una alternativa correcta, el suicidio no lo es.

¿Hasta cuándo los gobiernos permitirán que las religiones sigan promoviendo tanto odio en contra de la comunidad LGBTT?

Dónde queda el sentido de humanidad, de amor al prójimo y de amor a nuestras familias, si somos capaces de rechazar y abandonar a un jovencito o jovencita por causa de su orientación sexual.

¿Seremos capaces de promover la empatía, el razonamiento  y la compasión por nuestros semejantes y familiares?

Twitter: @eljimagua