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domingo, 18 de octubre de 2026

Cuando la derecha y la izquierda chocan: el pueblo se desangra entre insultos que no construyen país - Francisco El Jimagua


Por: Francisco El Jimagua Cartagena Méndez

Columnas de Opinión | NotiDigitalPR 

En el Puerto Rico actual, resulta entristecedor observar cómo el pueblo se sumerge en una confrontación constante de insultos, agresiones y difamaciones motivadas por diferencias políticas o ideológicas. Expresar creencias, defender posturas o disentir sobre determinados asuntos sociales y políticos no debería convertirse en causa de división entre compatriotas; sin embargo, esta dinámica ha marcado durante décadas parte de nuestra convivencia política y social.

Los términos izquierda y derecha surgieron en la Revolución francesa de 1789, cuando quienes buscaban transformar el antiguo orden se ubicaban a la izquierda de la Asamblea y los defensores de la monarquía a la derecha. En la década de 1790 esa distribución comenzó a convertirse en lenguaje político y, tras el periodo napoleónico, las categorías se consolidaron durante la primera mitad del siglo XIX, vinculándose progresivamente con corrientes como el liberalismo, el conservadurismo, el radicalismo y el nacionalismo.

Desde las revoluciones de 1848 y la industrialización, el crecimiento del movimiento obrero, el socialismo y la ampliación del sufragio transformaron “izquierda” y “derecha” en categorías más amplias para clasificar proyectos políticos. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, los partidos de masas, los sindicatos y electorados crecientes consolidaron esta división también en el mundo angloparlante. De esta manera, surge una paradoja histórica que persiste: la primera derecha defendía el orden monárquico y tradicional, mientras la primera izquierda buscaba transformarlo.

En Puerto Rico, las categorías de izquierda y derecha no surgieron inicialmente como el principal eje de organización política, pues durante el siglo XIX las divisiones estuvieron más vinculadas al liberalismo y conservadurismo, el autonomismo y la relación colonial con España y, después de 1898, al vínculo político colonial con Estados Unidos.

Con el desarrollo del movimiento obrero y sindical comenzaron a consolidarse corrientes identificables con la izquierda, proceso que adquirió mayor expresión política durante las primeras décadas del siglo XX y con la fundación del Partido Socialista en 1915. Sin embargo, estas categorías no se correspondían necesariamente con las asociaciones contemporáneas: sectores socialistas podían defender reivindicaciones obreras y, simultáneamente, favorecer una unión permanente con Estados Unidos o la estadidad.

Incluso en 1914 existió una agrupación denominada Izquierda Unionista, evidencia de que el término ya circulaba en el vocabulario político puertorriqueño. Así, la incorporación de izquierda y derecha en Puerto Rico ocurrió dentro de una historia política particular, atravesada no solo por conflictos económicos y sociales, sino también por la cuestión colonial y las distintas propuestas sobre el estatus político de la isla.

Un teórico particularmente influyente para comprender ambos polos fue el filósofo político italiano Norberto Bobbio, quien dedicó Derecha e izquierda: razones y significados de una distinción política al análisis de esta división. Bobbio identificó la actitud frente a la igualdad como criterio central: la izquierda ha buscado reducir desigualdades mediante acción social y política, mientras la derecha ha tendido a aceptar ciertas desigualdades como inevitables o funcionales al orden social. También incorporó el eje libertad‑autoritarismo para distinguir posiciones moderadas y extremas dentro de ambos campos, mostrando la diversidad interna de cada uno.

Ante la polarización política que vivimos, es prudente recordar que todos y todas pertenecemos a un mismo país y compartimos el mismo entorno. Lo que debería unirnos, hoy nos separa de manera agresiva y descontrolada. Estas dinámicas no benefician al pueblo ni atienden los problemas apremiantes que nos afectan como sociedad. Las diferencias ideológicas no deberían impedirnos reconocer las necesidades que compartimos ni la responsabilidad colectiva de enfrentarlas. Por encima de nuestras posiciones políticas, continúa existiendo un país que requiere soluciones, diálogo y voluntad para construir un mejor futuro común.

La historia latinoamericana demuestra que sectores identificados con la derecha han causado graves daños cuando derivan en autoritarismo. Las dictaduras de Pinochet en Chile y de la junta militar argentina, ambas marcadas por el anticomunismo y el conservadurismo de la época, dejaron profundas heridas mediante persecución, tortura, ejecuciones y desapariciones forzadas. En Argentina se documentó un plan sistemático de represión ilegal, y en Chile miles de víctimas de ejecución y prisión política. Estos episodios recuerdan que ninguna ideología debe convertirse en lealtad ciega al poder, especialmente cuando un proyecto político se coloca por encima de los derechos humanos y de la democracia.

Del mismo modo, gobiernos identificados con la izquierda pueden provocar graves daños cuando derivan hacia prácticas autoritarias. En Venezuela, el gobierno de Hugo Chávez produjo avances sociales, particularmente en reducción de la pobreza y ampliación de programas y servicios, favorecidos también por los elevados ingresos petroleros. 

Aunque ya existían controversias sobre la concentración del poder, la crisis política, económica y humanitaria se agravó especialmente tras su muerte en 2013 y la llegada de Nicolás Maduro al poder. Bajo Maduro, organismos internacionales han documentado detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones y otras graves violaciones de derechos humanos, mientras la Corte Penal Internacional investiga presuntos crímenes de lesa humanidad. El caso venezolano demuestra que un proyecto político con logros sociales puede deteriorarse cuando el autoritarismo, la concentración del poder y el debilitamiento institucional desplazan sus objetivos originales.

A pesar del temor al llamado «comunismo boricua» que sectores de la derecha vinculados al Partido Nuevo Progresista y sectores de centro y centroderecha asociados al Partido Popular Democrático han expresado históricamente en el debate político, Puerto Rico nunca ha estado gobernado por un sistema comunista.

Puerto Rico no necesita que pensemos todos de la misma manera para construir un mejor país.

Necesita que aprendamos a convivir con nuestras diferencias sin convertir al compatriota que piensa distinto en un enemigo. La historia demuestra que ni la derecha ni la izquierda poseen inmunidad frente al autoritarismo, los excesos del poder o las decisiones que terminan perjudicando al propio pueblo.

Por eso, más que alimentar temores, etiquetas e insultos, corresponde examinar críticamente las propuestas, exigir respeto a los derechos humanos y defender la democracia independientemente de quién gobierne. Podemos debatir el estatus, la economía, las políticas sociales y el futuro que imaginamos para Puerto Rico sin destruirnos entre nosotros. Al final, mientras nos desgastamos peleando por quién está a la derecha o a la izquierda, permanecen frente a nosotros los mismos problemas que requieren soluciones.

El país no se construye desde los extremos de una trinchera, sino desde nuestra capacidad de encontrarnos, disentir con respeto y reconocer que, antes que adversarios políticos, somos un pueblo compartiendo una misma tierra y un mismo futuro.

 

El autor es escritor, periodista independiente y activista de derechos humanos.

 

Fuentes Consultadas

Bobbio, N. (1996). Derecha e izquierda: Razones y significados de una distinción política. Taurus.

 

Cambridge University Press. Liberalism, Nationalism and Socialism: The Birth of Three Words.

 

Cambridge University Press. The Cambridge History of Twentieth-Century Political Thought (extracto sobre los sistemas políticos europeos).

 

Corte Penal Internacional. Situación en la República Bolivariana de Venezuela I.

EnciclopediaPR. Breve historia de Puerto Rico.

 

Gobierno de Argentina. Documentación oficial sobre la dictadura cívico-militar y las violaciones de derechos humanos (1976–1983). Registro oficial argentino sobre la dictadura

 

HISTORY. How Did the Political Labels “Left Wing” and “Right Wing” Originate?

 

Naciones Unidas. Informe de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela.

 

Senado de Puerto Rico. Santiago Iglesias Pantín.

 

U.S. Department of State. Declassified Documents About Human Rights Abuses During Military Dictatorship in Argentina. Documentos desclasificados del Departamento de Estado.

 

Universidad de Puerto Rico. Apuntes para la historia del movimiento sindical de Puerto Rico. Documento de la UPR.

 

 

martes, 6 de octubre de 2026

Francisco El Jimagua denuncia posibles injerencias de Israel y Estados Unidos en América Latina y Puerto Rico

 

Notqa de Prensa

TOA BAJA - El activista de derechos humanos Francisco “El Jimagua” Cartagena Méndez alertó sobre posibles injerencias en procesos electorales y asuntos internos de países latinoamericanos, incluyendo Puerto Rico, lo que catalogó como “un peligro que atenta contra la estabilidad y las democracias que aún nos cobijan”.

Para el también periodista independiente, un ejemplo de estas denuncias se produjo en Colombia, donde se ha señalado a Estados Unidos e Israel por una posible interferencia en el proceso electoral de 2026, cuya primera vuelta presidencial se celebró el pasado 31 de mayo. Después de las elecciones, el entonces presidente de Colombia, Gustavo Petro, denunció un supuesto fraude mediante algoritmos y señaló, entre otros actores, a Black Cube, una firma israelí de inteligencia privada, acusando a actores de Estados Unidos e Israel de haber intervenido en el proceso.

 

En noviembre de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, respaldó públicamente a Nasry Asfura durante las elecciones en Honduras e intervino públicamente en el debate electoral ante una posible victoria de la izquierda. La agencia de noticias EFE identificó posteriormente el episodio como parte de una estrategia regional de respaldos electorales de Trump.

 

“La injerencia extranjera está ocurriendo. Ignorarla o no aceptarla porque resulte incómoda no desaparece esa realidad. Tristemente, Puerto Rico no es la excepción. Israel, un Estado acusado de genocidio y apartheid, comenzó a sostener reuniones con la gobernadora Jenniffer González y con el presidente de la Cámara de Representantes, Johnny Méndez. Esto es, más que nada, preocupante y repudiable”, sostuvo Cartagena Méndez.

 

Francisco El Jimagua hizo alusión a la visita del cónsul israelí Zuri Siso a Puerto Rico el pasado 21 de agosto de 2026. Durante su visita, Siso sostuvo reuniones con la gobernadora Jenniffer González y el presidente cameral Johnny Méndez, en el contexto de conversaciones relacionadas con defensa, seguridad e inteligencia. El diplomático israelí también sostuvo una reunión con la presidenta de la Universidad de Puerto Rico, Dra. Zayira Jordán Conde, en la que se abordaron posibles intercambios y oportunidades de colaboración académica y de investigación.

 

“La maldad muchas veces se inmiscuye en nuestras sociedades, en la manera en que observamos el mundo y en cómo reaccionamos frente a las injusticias como seres humanos y como pueblos democráticos. Pero cuando esa maldad se permite, se abraza o se disfraza de diplomacia, quienes siempre terminan perdiendo son los de abajo, los pueblos: los que no ostentan el poder ni cuentan con los mecanismos o recursos para defenderse de las posibles consecuencias que conlleva la injerencia de un Estado acusado de genocidio o de un presidente como Donald Trump, sobre quien pesan graves acusaciones y cuestionamientos relacionados con conductas sexuales y tendencias autoritarias. Hoy, América Latina, incluyendo el Caribe y nuestro Puerto Rico, enfrentan peligros que adquieren una dimensión extraordinaria dentro de nuestra historia contemporánea”, concluyó Francisco El Jimagua.

 

Periodismo Independiente con Propósito. 

 

domingo, 20 de septiembre de 2026

El Deshielo Puede Alterar las Corrientes del Atlántico: La Ciencia Advierte Sobre el Futuro de la AMOC

 

La pérdida de hielo en Groenlandia no solo eleva el nivel del mar. El ingreso de agua dulce al océano puede modificar su circulación y afectar la distribución del calor, las lluvias y los sistemas climáticos de distintas regiones del planeta.

Por Francisco J. Cartagena Méndez – El Jimagua | NotiDigitalPR

El deshielo de los grandes mantos de hielo del planeta suele asociarse con el aumento del nivel del mar, la erosión costera y el riesgo de inundaciones. Sin embargo, existe otra consecuencia que ocurre dentro del propio océano y que puede tener repercusiones mucho más allá de las regiones polares. El agua dulce procedente de Groenlandia puede modificar las condiciones que permiten el funcionamiento de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida por sus siglas en inglés como AMOC. Este sistema de corrientes contribuye a transportar calor entre distintas latitudes y desempeña un papel importante en el equilibrio climático de la Tierra.

La preocupación científica adquiere especial relevancia tras la publicación, el 16 de septiembre de 2026, de una investigación internacional en la revista Scientific Data. El estudio, desarrollado mediante la integración de observaciones de 27 misiones satelitales, encontró que Groenlandia y la Antártida perdieron conjuntamente aproximadamente 11,309 gigatoneladas de hielo entre 1979 y 2023. Esa pérdida contribuyó a elevar el nivel medio global del mar unos 31.4 milímetros. Los investigadores determinaron, además, que el 84 % de la pérdida neta estuvo asociado con desequilibrios en la dinámica de los glaciares, principalmente por una mayor descarga de hielo hacia el océano, y el 16 % restante con cambios en el balance superficial.

¿Qué es la AMOC y por qué importa?

La AMOC es un sistema de circulación oceánica que transporta aguas relativamente cálidas hacia el Atlántico Norte y devuelve aguas más frías a mayores profundidades en dirección sur. Su funcionamiento depende de una combinación de procesos físicos, entre ellos la temperatura, la salinidad, la densidad del agua y los vientos. Cuando las aguas superficiales llegan a determinadas regiones del Atlántico Norte, se enfrían y pueden alcanzar una densidad suficiente para hundirse. Ese movimiento forma parte de la circulación que redistribuye calor y nutrientes a través del océano.

El problema aparece cuando el calentamiento modifica las condiciones que sostienen ese intercambio. El agua dulce procedente del deshielo reduce la salinidad de las aguas marinas con las que se mezcla y puede dificultar su hundimiento al disminuir su densidad. A ello se suma el calentamiento de las aguas superficiales, que también favorece una menor densidad. La combinación de estos factores puede contribuir al debilitamiento de la AMOC, aunque su respuesta depende de procesos oceánicos complejos y no exclusivamente del volumen de hielo perdido.

Conviene distinguir, además, entre el hielo terrestre y el hielo marino. La pérdida de hielo asentado sobre tierra firme, como el de Groenlandia, añade agua al océano y contribuye al aumento del nivel del mar. Su incorporación como agua dulce también puede alterar la salinidad regional. Por ello, las consecuencias del deshielo deben examinarse tanto desde la perspectiva del nivel marino como desde los cambios que puede provocar en la circulación oceánica.

Las observaciones ya muestran cambios

La preocupación sobre la AMOC no depende únicamente de simulaciones sobre el futuro. Un estudio publicado en marzo de 2025 en Geophysical Research Letters examinó las mediciones del sistema RAPID, que observa la circulación atlántica cerca de los 26 grados de latitud norte. Sus autores identificaron un debilitamiento estimado de 1.0 sverdrup por década entre 2004 y 2023, con un intervalo de incertidumbre de 0.4 a 1.6. Un sverdrup equivale a un millón de metros cúbicos de agua por segundo, unidad utilizada para expresar el transporte de las corrientes oceánicas.

Otra investigación publicada en abril de 2026 examinó observaciones de cuatro sistemas de medición distribuidos a lo largo del borde occidental del Atlántico Norte. Los investigadores encontraron una disminución consistente en el transporte profundo occidental durante aproximadamente dos décadas. Aunque ese componente no representa por sí solo la totalidad de la AMOC, los resultados aportan información adicional sobre los cambios que están ocurriendo dentro del sistema.

El riesgo no depende solamente de cuánto se caliente el planeta

Una investigación publicada el 13 de agosto de 2026 en Nature Climate Change añadió una dimensión importante al debate: la velocidad del calentamiento también puede influir en la estabilidad de la AMOC. Los investigadores René M. van Westen, Reyk Börner y Henk A. Dijkstra utilizaron simulaciones climáticas para examinar cómo responde la circulación ante distintos ritmos de aumento del dióxido de carbono. En una simulación de incremento lento, la AMOC permaneció estable incluso con un calentamiento global elevado; en simulaciones con incrementos más rápidos, el sistema experimentó un colapso a niveles de calentamiento considerablemente menores.

El hallazgo cuestiona la idea de que pueda establecerse una única temperatura global como umbral universal para el colapso de esta circulación. Según los autores, la trayectoria del calentamiento y la capacidad del océano para adaptarse a los cambios son elementos decisivos. Los resultados corresponden a experimentos de modelización y no significan que se haya demostrado un colapso actual de la AMOC. Sí indican que evaluar su futuro requiere considerar no solo cuánto aumenta la temperatura, sino también la rapidez con la que ocurre ese aumento.

La investigación científica tampoco presenta una conclusión única sobre cuándo podría producirse un colapso. Un estudio publicado en Nature en 2025, basado en 34 modelos climáticos, identificó mecanismos que sostuvieron una circulación debilitada incluso bajo condiciones extremas. Por otra parte, investigaciones de 2026 que incorporaron aportes adicionales de agua procedente de Groenlandia encontraron efectos sobre el debilitamiento de la AMOC, pero no reprodujeron necesariamente una transición abrupta e irreversible. Estas diferencias muestran por qué es necesario distinguir entre un riesgo climático investigado, los cambios ya observados y la fecha todavía incierta de un posible colapso.

De las corrientes oceánicas a la seguridad hídrica

Las consecuencias de una alteración profunda de la AMOC no quedarían confinadas al Atlántico Norte. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha señalado que un colapso abrupto podría modificar los patrones regionales del tiempo y el ciclo del agua. Entre los efectos examinados figuran un desplazamiento hacia el sur de la franja tropical de lluvias, el debilitamiento de los monzones africanos y asiáticos y condiciones más secas en partes de Europa. El organismo considera muy probable que la AMOC se debilite durante el siglo XXI, aunque mantiene incertidumbre sobre la magnitud del cambio y estima, con confianza media, que no ocurrirá un colapso abrupto antes de 2100.

Para Puerto Rico y el Caribe, esta discusión debe entenderse dentro de una realidad más amplia de vulnerabilidad climática. La disponibilidad de agua, la agricultura, los ecosistemas costeros y la exposición a eventos extremos dependen de condiciones atmosféricas y oceánicas que pueden cambiar con el calentamiento global. Una investigación publicada en mayo de 2026 en Earth’s Future examinó precisamente los futuros cambios en los extremos de lluvia sobre Puerto Rico y destacó la vulnerabilidad de las islas caribeñas por su dependencia de la precipitación y su exposición al aumento del nivel del mar. Ese estudio no atribuye tales cambios a la AMOC, pero permite comprender por qué las transformaciones del sistema climático global son relevantes para la seguridad hídrica del archipiélago.

El hielo que desaparece también transforma el océano

La pérdida de hielo no debe interpretarse únicamente como una reducción de reservas congeladas ni como una amenaza limitada a las comunidades costeras. Las nuevas mediciones satelitales permiten dimensionar la transformación de Groenlandia y la Antártida, mientras las investigaciones oceanográficas examinan cómo el calentamiento y los aportes de agua dulce pueden modificar la circulación del Atlántico. Se trata de procesos relacionados, pero sus consecuencias deben estudiarse con instrumentos y escalas temporales diferentes.

La AMOC continúa funcionando y la ciencia no ha establecido que haya cruzado ya un punto irreversible. Lo que sí documentan las observaciones y los modelos es que el sistema está expuesto a cambios capaces de alterar su intensidad y, bajo determinados escenarios, su estabilidad. Comprender esa diferencia no disminuye la gravedad del problema: permite comunicarlo con precisión y reconocer que el deshielo puede afectar tanto la altura del mar como los mecanismos que ayudan a regular el clima.

El hielo que pierde el planeta no desaparece de sus sistemas naturales: cambia de lugar, de estado y de función. Y cuando llega al océano, sus consecuencias pueden extenderse mucho más allá del paisaje que dejó atrás.

 

sábado, 19 de septiembre de 2026

Imágenes de una voz que no se apaga - Francisco El Jimagua


«Imágenes de una voz que no se apaga; una voz que denuncia la corrupción, investiga y provoca el debate sobre los asuntos que nos afectan como sociedad. El periodismo puede ayudarnos a reconocer patrones que se repiten y, desde su independencia, asumir una postura humanamente ética, capaz de llamar las cosas por su nombre y nombrar las verdades que otros prefieren silenciar».

#FranciscoElJimagua