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martes, 5 de octubre de 2010

Acepta tu homosexualidad

Acepta tu homosexualidad

Francisco "El Jimagua" Cartagena Méndez

Activista Social y Escritor

Cuando los sufrimientos y rechazos que padecemos los homosexuales son convertidos en escudos, el futuro se presenta más alentador e idóneo para ser capaces de alcanzar la felicidad tan anhelada. El amor no reconoce de discrimen, ni de coartaciones, por lo que no se debe dar la espalda a querer a esa persona especial que nos hace suspirar, y que aún siendo de nuestro mismo sexo, no representa una ‘mala acción’ o ‘acción pecaminosa’ como la mayoría hace ver.Y es que los homosexuales fuera del armario nos enfrentamos a una batalla cara a cara con la homofobia, la burla y la insensibilidad escolar, religiosa, política y social que juzga, señala y se mofa de nuestra identidad.

Etiológicamente hablando, estas conductas de discrimen y mofas tienen su origen desde la adolescencia, en donde los jóvenes se tornan insensibles con sus compañeros de clase. Por ejemplo; quién no recuerda las burlas escolares al obeso, los cuatro ojos, o el amanerado. Esto se da ante el mal ejemplo social que es protagonizado a diario, tanto por familiares, líderes políticos y religiosos, así como por programas televisivos en donde se suscitan todo tipo de violencia, discrimen, homofobia y burlas que influyen negativamente en tan importante transición entre el infante o niño de edad escolar y el futuro adulto.

Esta transición de cuerpo y mente, proviene no solamente de uno mismo, sino que se conjuga con nuestro entorno, el cual es trascendental para que los grandes cambios psicológicos que se producen nos permitan llegar a la edad adulta de manera adecuada. Este panorama empeora debido a que el homosexual o la lesbiana adolescente, tiende a reprimir su realidad, y oculta sus sentimientos. Crecen sin poder expresar como los demás lo que sienten, así como de quién se enamoran, por el temor a la burla y el rechazo. Esto da paso a la doble vida y la auto-negación de la homosexualidad mediante un comportamiento heterosexual que es adjudicado al temor.

Algunas preguntas que podemos hacernos y que resultan de gran ayuda para poder ser capaces de aceptar nuestra identidad sexual lo son; si verdaderamente el señalamiento y la imposición de la heterosexualidad sobre la homosexualidad son motivos suficientes para hacernos sufrir y negar nuestra realidad, cuando esas personas que nos señalan y ofenden viven tal y como son. ¿Qué nos hace diferentes? ¿Quién tiene el derecho a juzgarnos y decidir como vivimos nuestras vidas? ¿Por qué no podemos amar como aman los demás?

Así que ofenderse ante el ofensor sería darle la razón y otorgar un supuesto derecho a proseguir con sus conductas ofensivas, mientras que por el contrario, si nos intentan ofender y nos mostramos fuertes y orgullosos de nuestra identidad sexual, se hará tan pequeña dicha ofensa que no la veremos pasar por nuestro corazón. Por lo que la indiferencia es la mejor arma que se puede emplear en contra de aquellos (as) que provocan algún mal en nuestras vidas, teniendo entonces que comenzar por no permitir que esas ofensas, y creencias equivocadas sobre la homosexualidad repercutan en efectos negativos que obstruyan el camino a nuestras metas y a nuestra felicidad.

En resumen, no debemos permitir que los demás vivan nuestras vidas, ya que quien debe aceptar tu homosexualidad es tu corazón, bombeando la valía necesaria para que camines de frente a todo y a todos, siendo quien eres. Recuerda que no son los demás lo que tienen que aceptarte, sino tú mismo (a). Recuerda que si naciste siendo homosexual, lesbiana, bisexual, transgénero o transexual, vivir como tal te hace más grande que cualquier mal u ofensa que pudieran hacerte los demás. ¡Sé quién eres, se que puedes lograrlo! Comentarios a: eljimagua@live.com


domingo, 4 de julio de 2010

Juventud acribillada y Macaneada





4 de julio 2010

Juventud acribillada y macaneada

Francisco Cartagena Méndez
Escritor y activista social

Nombres y placas ocultas de aquellos enfurecidos rostros con cabellos de viles ordenanzas. Ojos de fieras en espera de sus presas, garras con diáfanas macanas y enormes cuerpos de empujones a granel. Vestías que proporcionaron patadas, golpes, gases y macanazos causales del brote de la sangre y el sufrimiento de aquellos y aquellas jóvenes que, intentando hacer uso de sus derechos constitucionales, fueron acribillados por una policía y un gobierno que se contradice ante la acción y la palabra.

Lo antes descrito es la clara realidad del abuso policiaco en contra de jóvenes ocurrido en la manifestación pacífica llevada a cabo el pasado 30 de junio en las escalinatas del Capitolio. Lo que además fue una afrenta en contra de la democracia y los derechos de los ciudadanos en nuestra patria a expresarnos libremente.

Más real resulta el que los derechos de esos jóvenes y demás ciudadanos, fueron violentados desde un principio. Al llegar al Capitolio pacíficamente e intentar acceder a presenciar los trabajos legislativos, ante un derecho “garantizado” por la constitución, sin razón alguna se les negó la entrada.

Es interesante que desde muy temprano se encontrara la fuerza de choque dentro del Capitolio y que, nunca hubo intenciones ni de la policía, ni de funcionarios de la casa de las leyes en entablar algún dialogo con los manifestantes.

Mezquinas expresiones fueron pronunciadas por el gobernador Luis Fortuño al día siguiente, al identificar como socialistas y síndicos a los manifestantes y que, al ser socialistas y querer entrar a las gradas de la legislatura, entendieron que estos tomarían el capitolio por asalto. ¿A caso ser socialista, independentista o síndico en nuestro país es sinónimo de violencia y terrorismo, o simplemente representa una negación por parte del estado a los derechos constitucionales a dichos sectores?
Otro asunto muy preocupante es que el gobierno por un lado se expresa en contra de la violencia doméstica, un mal que ha cobrado miles de vidas de mujeres que, además han sido víctimas de un sistema precario que necesita ser modificado. Y por otro, el estado envía a la policía a agredirlas.

Las mujeres agredidas en la manifestación no eran una amenaza a la vida, pero fueron atacadas sin piedad con macanas, patadas y gas pimienta por la policía. ¿Es esa la misma Policía que atenderá los casos de Ley 54?

Por otro lado felicito y reconozco la valía de los y las jóvenes que fueron agredidos (as) por querer abogar por los derechos de un pueblo al que trastocan su educación, medio ambiente, cultura y derechos, y a la prensa del país por la tan responsable cobertura que realizaron aun siendo también agredidos por la policía. Y peor aún que su trabajo sea menospreciado por el gobernador y demás dirigentes con la ausencia de respuestas.

Gobernador Luis Fortuño, usted no solo tiene la obligación de solicitar la renuncia del Super Intendente de la Policía, sino que ante el estado de desesperación y de atropello en la cual ha sumergido a toda una nación, y la evidencia de no tener capacidad para gobernar, usted también debería hacerlo.

Como joven y como activista aspirante a una mejor sociedad, me pregunto qué gana el gobierno al continuamente reprimir y coartar los derechos de la juventud mediante acciones fascistas y paramilitares. El derecho a la libre expresión, es un derecho inalienable del pueblo puertorriqueño y no puede basarse ante el señalamiento de sectores, creencias religiosas, políticas o identidades sexuales. Exigimos a este gobierno a que detenga ya sus acciones abusivas, represivas e ilegales en contra del pueblo.

Publicado por el Jimagua
http://jimagua.blogspot.com/ / eljimagua@live.com